Esta tecnología tiene mala fama, ya que sugiere anuncios de teletienda donde musculosos caballeros y señoritas fibrosas prometen adelgazar sin moverse del sillón. Sin embargo, la estimulación muscular es una tecnología seria y probada que se utiliza desde hace años, por ejemplo, en la recuperación de lesiones. Si bien el doctor Carlos Sabaté, traumatólogo y fundador del centro de entrenamiento y rehabilitación cardiológica CardioCerc, explica que siempre es necesaria la supervisión del médico antes de utilizar un estimulador muscular.
Entonces, ¿por qué tienen tan mala reputación los aparatos anunciados por televisión en la madrugada? Los expertos coinciden en que, si no se combinan con una dieta adecuada, y deporte (con sudor y zapatillas), estos aparatos no sirven para adelgazar. "No se puede concebir la estimulación muscular como un ejercicio aislado ni puede ser aplicada a capricho por el paciente; por el contrario, el uso de un estimulador muscular debe estar englobado dentro de un plan trazado previamente por el médico", asegura el doctor Sabaté.
Todos los estimuladores funcionan mediante unos parches conductores que se adhieren a la piel. Los parches se conectan a una unidad central, desde la que se envían pequeñas descargas eléctricas (inofensivas) al músculo, que se contrae involuntariamente.
No todos los estimuladores son iguales, ni todos son igual de eficaces. Los impulsos eléctricos deben tener una intensidad, una frecuencia y un ritmo específicos. Hay impulsos efectivos para aumentar el riego sanguíneo o ayudar a reducir la celulitis, mientras que otros incrementan el tono muscular o reducen el dolor de las lesiones. Los estimuladores más avanzados suelen disponer de programas concretos para cada aplicación.
La diferencia entre la electroestimulación y el deporte natural es que las contracciones del estimulador no producen algunos de los beneficios asociados al movimiento, como son el aumento de la capacidad cardiaca, el refuerzo de los tendones, la mejora de la coordinación y, sobre todo, la sensación de satisfacción que se produce tras el esfuerzo.
Además, según explica el doctor Sabaté, los electroestimuladores tienen un efecto paralelo al del crecimiento del músculo: "la hipertrofia del ventrículo izquierdo del corazón, que es algo normal en los deportistas". Sin embargo, "un uso excesivo de este tipo de técnicas puede acarrear un crecimiento peligroso del ventrículo", asegura el doctor. Sabaté matiza que este peligro sólo se daría en casos "de abuso verdaderamente extremo".
Los precios de los electroestimuladores varían entre los 70 euros de un producto de teletienda hasta los 1000 euros de algunos modelos especializados, que cuentan incluso con sensores que miden la contracción del músculo y regulan la intensidad de los impulsos automáticamente.
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